En una startup de IA el activo casi nunca es una patente: son la marca, el código, los datos y el equipo. Protégelos en ese orden.
Marca. Regístrala en la OEPM para España (unos 150 euros por clase) o en la EUIPO para toda la UE (850 euros por la primera clase). Antes de registrar, busca en las bases de datos: si tu nombre colisiona con una marca previa en tu clase, el gasto en branding se pierde. Las clases relevantes para software y servicios de IA suelen ser la 9, la 42 y la 35.
Software. El código está protegido por derecho de autor desde el momento de su creación, sin registro. Aun así, inscribirlo en el Registro de la Propiedad Intelectual o usar un servicio de sellado de tiempo aporta prueba de autoría y fecha. Lo verdaderamente crítico es contractual: todo el código escrito por fundadores, empleados y freelancers debe estar cedido a la sociedad por escrito. Es el punto que más due diligences bloquea.
Datos de entrenamiento. Documenta el origen de cada dataset y la licencia que lo ampara. Los datos scrapeados sin base legal, los datasets con licencia no comercial y los datos personales sin base jurídica son pasivos que aparecen en cualquier ronda. Mantén un registro de procedencia desde el principio.
RGPD. Si tratas datos personales necesitas registro de actividades de tratamiento, política de privacidad, contratos de encargado con tus proveedores y, según el caso, evaluación de impacto. Para sistemas de IA, el Reglamento Europeo de IA añade obligaciones de transparencia según el nivel de riesgo.
Patentes y secreto industrial. El software "como tal" no es patentable en Europa, salvo invenciones implementadas por ordenador con efecto técnico. Para algoritmos propios, el secreto industrial bien documentado (acuerdos de confidencialidad, control de accesos) suele proteger más que intentar patentar.