No hay respuesta universal, pero sí un criterio práctico: si estás validando una idea en solitario y facturas poco, empieza como autónomo; si vas a tener socios, contratar o buscar inversión, constituye una SL desde el día uno.
Autónomo (RETA). Alta inmediata y gratuita, sin capital inicial y con contabilidad sencilla. La cuota se calcula por tramos de rendimientos netos (desde unos 200 euros al mes en los tramos bajos). La tarifa plana reducida de 80 euros al mes durante los primeros 12 meses, ampliable otros 12 si los rendimientos netos no superan el SMI. Tributas en IRPF: bien si ganas poco, caro cuando el beneficio crece. Responsabilidad ilimitada: respondes con tu patrimonio personal.
Sociedad Limitada. Responsabilidad limitada al capital, tributación al 25% en el Impuesto de Sociedades (15% los dos primeros ejercicios con base imponible positiva para entidades de nueva creación), y estructura societaria imprescindible para repartir participaciones entre cofundadores o dar entrada a inversores. A cambio: costes de constitución, contabilidad formal, cuentas anuales y libros. Ojo: el socio que administra y trabaja en la sociedad suele tener que darse de alta como autónomo societario, con cuota superior a la mínima.
Regla práctica de rentabilidad. A partir de unos 40.000-50.000 euros de beneficio anual, la SL suele salir mejor por fiscalidad. Por debajo, el autónomo es más ligero.
Señales de que ya necesitas SL: tienes cofundadores, vas a firmar con clientes corporativos que exigen persona jurídica, quieres emitir stock options, vas a pedir un préstamo ENISA o presentarte a una ronda, o tu actividad tiene riesgo de responsabilidad frente a terceros.